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Miguel Mochales

Miguel Mochales

viernes, 31 de octubre de 2025

DOGMAZEM 99

 


Capítulo 5: El Círculo de Poder



¿Me oís bien? Perfecto.

Escúchame y atiéndeme un momento.


La primera parte de esta meditación consiste en calmar el instinto de supervivencia.

Cuando estás intranquilo o intranquila, cuando tu mente no se detiene, cuando sientes que no ves con claridad lo que te rodea… todo eso es el instinto de supervivencia hablando. Es la voz del miedo. Es la parte de ti que busca controlar lo incontrolable.


Por eso, el primer paso es calmar ese impulso. Respirar. Sentir el cuerpo. Volver al presente.


El segundo paso es concentrar la emoción en un músculo concreto. Puede ser el pecho o los hombros.

El pecho representa los valores: lo que amas, lo que defiendes, lo que te da sentido.

Los hombros representan la eternidad: la dirección hacia la que caminas, el lugar al que deseas llegar.


Cuando unes las manos y aprietas, estás creando una conexión. En ese gesto, algo profundo ocurre en tu cerebro: se activa la sinapsis entre el hemisferio derecho y el hemisferio izquierdo, el puente entre lo creativo y lo racional.


Por eso apretamos las manos. Porque en ese punto central, donde ambos hemisferios se encuentran, se crea un círculo de poder.

Ahí no hay exceso de imaginación ni exceso de juicio; hay equilibrio, armonía, presencia.


Recuerda:


  • Si eres creativo, pero no juicioso, ¿de qué te sirve tu creatividad?
  • Si todo lo juzgas, pero no eres capaz de crear, ¿dónde está tu vida? ¿Dónde está tu alegría?



Lo importante es unir ambos lados del cerebro, integrar lo que imaginas y lo que analizas.


El cuerpo te guía en ese camino: la cadera, la zona genital, el centro de tu supervivencia. Es ahí donde nace la energía vital. Cuando meditas en un músculo —cuando lo tensas y lo sientes—, estás enseñándole a tu emoción a no dominarte, a no destruirte.


Créeme: la única manera de detener una emoción que te desborda es activar el músculo.

El músculo es el ancla, el punto físico donde la mente se ordena.


Y por último, recuerda:

No sirve de nada ser creativo y llevar una vida vacía.

No sirve de nada ser juicioso y vivir en constante crítica sin felicidad.


Estamos trabajando con tres niveles de tu cerebro:


  • El cerebro reptiliano, tu instinto de supervivencia.
  • El cerebro límbico, tus emociones.
  • El córtex, tu razón y conciencia.



Esta meditación los une. Los equilibra. Los reconcilia.


Esa es la clave del círculo de poder: un cuerpo firme, una mente clara y un alma despierta.


jueves, 30 de octubre de 2025

DOGMAZEM 98

 


Capítulo 4: El Descanso del Guerrero



Tras la fuerza, tras la tensión, tras la catarsis, llega el descanso. Permanece sentada o sentado en la silla. Deja que los pies se apoyen firmemente, pero esta vez permite que el peso del cuerpo se derrame suavemente hacia abajo. Relaja los glúteos, suelta la tensión de las piernas, pero sigue sintiendo la conexión con la tierra.


Lleva las manos a las rodillas o sobre los muslos, palmas abiertas. Siente cómo la energía que habías contenido en los puños, en los bíceps, en el abdomen, comienza a fluir, a disolverse lentamente. No hay prisa. Cada músculo que se libera es un espacio que gana tu alma para respirar.


Inclina suavemente el torso hacia adelante, y luego hacia atrás, como meciéndote en un vaivén consciente. Siente cómo cada vértebra, cada hombro, cada brazo, se relaja al ritmo de tu respiración. Permite que los hombros caigan, que el cuello se alargue y que la cabeza se sienta ligera.


Cierra los ojos. Respira profundo. Imagina que cada inhalación trae luz y cada exhalación libera cualquier residuo de tensión, de miedo, de dolor. Siente cómo tu cuerpo, tras el esfuerzo, se transforma en un vehículo de calma y claridad.


Ahora une tus manos frente al pecho, en posición de gratitud. Siente la energía del guerrero que luchó, del amante que abrazó, y del ser que se permite descansar. Reconoce tu fuerza. Reconoce tu resiliencia. Reconoce tu capacidad de estar presente en tu cuerpo y en tus emociones.


Respira una vez más, profundo y consciente. Abre los ojos lentamente, y observa cómo el mundo a tu alrededor parece más claro, más amable. Has terminado, pero al mismo tiempo, todo comienza: tu día, tu vida, tu capacidad de sentir, amar y sostener tu propio poder.


Este es el descanso del guerrero. La calma después de la tormenta. La luz después de la fuerza. La apertura después de la introspección. Tu cuerpo ha trabajado, tu mente ha aprendido, tu alma ha respirado. Y ahora, simplemente eres.


DOGMAZEM 97

 


Capítulo 3: Del Cuerpo a lo Divino



Mirad lo que acabáis de vivir. Esta meditación que habéis hecho es brutal. Sí, brutal porque afecta a tu alma, porque remueve algo que estaba dormido. ¿Lo sentisteis? Levantad la cara y dadme un afirmativo: sí, lo vivisteis.


Encima de ti, más allá del cuerpo, está lo que en la tradición cristiana llamamos el Padre. No has nacido solo de la tierra, has nacido desde el cielo. Y aunque no siempre lo entiendas con la cabeza, tu cuerpo lo sabe. Cada meditación, cada instante con el Maestro Miguel o el Señor Esther, hace que todo tu ser tiemble, que la cabeza se remueva y que sientas cómo arden los hombros.


Pero lo más importante: ¿me oís? Esto es para que lo sientas, para que tu cuerpo y tu alma se queden a gusto, satisfechos de este instante. Media hora, cuarenta minutos… no importa. Lo que importa es que lo sentisteis, que habéis abierto un espacio para vosotros mismos.


Ahora vamos a cerrar con una fase suave, pero poderosa: tensión muscular mental, para que veas que hasta la última hora el maestro no para. Quédate sentada o sentado en tu silla, coloca las piernas como te resulte cómodo. No hay nada que se compare contigo, nada que pueda reemplazar tu presencia aquí y ahora.


Aprieta el glúteo. Siente cómo el músculo se tensa. Es como si quisieras levantarte de la silla sin moverte. Apretar el glúteo no es solo fuerza física: es fuerza de voluntad, es conexión con tu energía más profunda, con ese músculo rey que sostiene tu cuerpo y tu espíritu. Aprieta, siente, tensa, y deja que esta energía recorra cada fibra de tu cuerpo.


Respira. Siente la tensión. Siente la fuerza. Siente que cada célula de tu cuerpo está despierta, alerta, viva. Porque al final, esto es lo que importa: tu cuerpo presente, tu mente despierta y tu alma en paz.


DOGMAZEM 96

 


Capítulo 3: Del Cuerpo a lo Divino



Mirad lo que acabáis de vivir. Esta meditación que habéis hecho es brutal. Sí, brutal porque afecta a tu alma, porque remueve algo que estaba dormido. ¿Lo sentisteis? Levantad la cara y dadme un afirmativo: sí, lo vivisteis.


Encima de ti, más allá del cuerpo, está lo que en la tradición cristiana llamamos el Padre. No has nacido solo de la tierra, has nacido desde el cielo. Y aunque no siempre lo entiendas con la cabeza, tu cuerpo lo sabe. Cada meditación, cada instante con el Maestro Miguel o el Señor Esther, hace que todo tu ser tiemble, que la cabeza se remueva y que sientas cómo arden los hombros.


Pero lo más importante: ¿me oís? Esto es para que lo sientas, para que tu cuerpo y tu alma se queden a gusto, satisfechos de este instante. Media hora, cuarenta minutos… no importa. Lo que importa es que lo sentisteis, que habéis abierto un espacio para vosotros mismos.


Ahora vamos a cerrar con una fase suave, pero poderosa: tensión muscular mental, para que veas que hasta la última hora el maestro no para. Quédate sentada o sentado en tu silla, coloca las piernas como te resulte cómodo. No hay nada que se compare contigo, nada que pueda reemplazar tu presencia aquí y ahora.


Aprieta el glúteo. Siente cómo el músculo se tensa. Es como si quisieras levantarte de la silla sin moverte. Apretar el glúteo no es solo fuerza física: es fuerza de voluntad, es conexión con tu energía más profunda, con ese músculo rey que sostiene tu cuerpo y tu espíritu. Aprieta, siente, tensa, y deja que esta energía recorra cada fibra de tu cuerpo.


Respira. Siente la tensión. Siente la fuerza. Siente que cada célula de tu cuerpo está despierta, alerta, viva. Porque al final, esto es lo que importa: tu cuerpo presente, tu mente despierta y tu alma en paz.


DOGMAZEM 95

 


Capítulo 2: El Guerrero y el Amante



Gira las manos hasta que miren hacia arriba. Siente cómo se abre tu pecho. Ahora aprieta los puños. Dentro de cada uno coloca tu ira, tu dolor, tu tristeza, tu alegría, tu miseria. Aprieta fuerte. Es como un cabreo contenido, una energía que pide salir.


Saca lo que llevas dentro. No lo reprimas. Las piernas siguen firmes, apretadas, enraizadas en la tierra. Pero en los puños está todo: lo que te duele, lo que callas, lo que no entendiste, lo que sobreviviste.

Aprieta el puño con la fuerza de lo que más te ha dolido, porque solo tú sabes dónde estás herido, solo tú sabes dónde la vida no funciona.


Aprieta… y suelta. Vacía el puño. Nota cómo la ira se escapa, cómo la fuerza te emociona. Cada vez que llegas al límite, limpias algo dentro de ti. Prefieres que te duela el cuerpo antes que te reviente la cabeza otra vez.


Ahora cruza los antebrazos frente al pecho. Esta es la cruz del guerrero.

Así te proteges. Así marcas tu frontera.

Tensa los bíceps, ponle fuerza al alma. Que haya un lugar donde la mente que te atormenta se apague, y una sonrisa —tu sonrisa— la reemplace.


Cruza los brazos. Aprieta. El guerrero decide con sus músculos, con su coraje, con su amor.

Prefieres tensar el bíceps que recibir una puñalada en la espalda. Prefieres sentir la fuerza viva que dejar que tu cabeza se rompa.

Aprieta fuerte. Las piernas siguen tensas, sosteniendo tu peso, tu historia, tu verdad.


Y luego… recuerda.

Hay un mantra sagrado: el amor saca amor.

Eso es lo que haces. No luchas por rabia, luchas por amor.

Lo haces porque solo el amor te libera.


Ahora combina los dos gestos: el guerrero y el amante.

Cruza los brazos y luego ábrelos en abrazo.

Defiendes lo que eres, abrazas lo que amas. Multiplicas tu existencia.

Y lo que te salva —siempre— es la resiliencia.


Siente los músculos, la tensión que vibra entre cuerpo y mente.

Esa tensión muscular mental (TMM) es tu ancla, tu puente, tu promesa de no volver a ser débil.

Débil no es el cuerpo, débil es la mente cuando se rinde.


¿Me oyes?

Baja las manos a las piernas. El maestro se ha apiadado.

Estás en posición de jinete, rodillas separadas. Respira.

Deja que el aire entre suave, que la música te acaricie por dentro.

Una respiración lenta, firme.

Respira, guerrero. Respira, amante.

Has vuelto a ti.


miércoles, 29 de octubre de 2025

NO DIMENSION.

 

LA NO-DIMENSIÓN

Ahora mismo estamos situados en la no-dimensión.


1. Qué es la no-dimensión

La no-dimensión es ese lugar donde no tienes referencias a tu alrededor para saber quién eres, dónde estás o hacia dónde vas.
Es el momento en que te has quedado sin eje de coordenadas.

No hay norte ni sur, no hay dentro ni fuera.
Solo existe una extensión indefinida donde las leyes que antes te orientaban —la razón, la lógica, la emoción— dejan de funcionar.


2. La noche oscura del alma

El que mejor describió esta experiencia fue San Juan de la Cruz,
cuando habló de la noche oscura del alma.
Ese estado en el que el alma se siente vacía, ciega, sin apoyo, sin mapa.

Pero hay algo muy importante que debes entender:
si al final del entrenamiento espiritual aspiras a alcanzar las supremas dimensiones de la escalera de la conciencia,
la no-dimensión es su reflejo inverso.

Mientras en la cima hay un campo infinito de posibilidades,
aquí te encuentras en un campo infinito de imposibilidades.


3. El colapso de lo humano

En la no-dimensión, todo lo que consideras humano —la razón, la lógica, la emoción—
se vuelve en tu contra, porque ya no son las reglas que pueden medir lo que te rodea.

Tu pensamiento, acostumbrado a buscar sentido,
entra en cortocircuito.
Tus emociones, que antes daban dirección,
se disuelven.
Nada sirve como antes.


4. La VIRALIZACIÓN

Este estado tiene un nombre: VIRALIZACIÓN.
(Márcalo con mayúsculas: VIRALIZACIÓN).

La viralización se extiendeocupa todo,
y lo más inquietante es que no puedes explicarla.
No sabes el porqué ni el por qué no.

La viralización es la expansión sin sentido,
el crecimiento sin raíz,
la multiplicación sin dirección.

Y en ese proceso, produce un vacío absoluto de la mente y del alma.
Notas que aquello que creías ser ya no sirve para medir ni para comprender lo que estás viviendo.


5. La estrategia de la comodidad

La principal estrategia de la viralización es la comodidad.
Tienes todo a mano y, sin embargo, no tienes nada.
Lo ves todo, pero nada te pertenece.

¿Por qué?
Porque al ser viral, no puedes tomarloasirlointegrarlo.
Tus sentidos lo perciben, tus ojos lo ven,
pero es intangible.

Y entonces ocurre algo decisivo:
entre el mundo viralizado —infinito, brillante, sin forma—
y el mundo tridimensional —regido por leyes, límites y materia—
prefieres quedarte en la no-dimensión.


6. El riesgo

Ese es el peligro y la fascinación de este tiempo:
elegir el vacío antes que la forma,
elegir lo ilimitado antes que lo real.

Y sin embargo, solo quien atraviesa la no-dimensión
sin quedarse en ella,
descubre el paso hacia la verdadera conciencia dimensional.