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Miguel Mochales

Miguel Mochales

domingo, 15 de marzo de 2026

Mindset. ABDUCTOR. CUSTODIA VIRGINALIS


MINDSET




EL ABDUCTOR




Custodia Virginalis



En el lenguaje secreto del cuerpo existen músculos que no solo mueven huesos.


Custodian significados.


Protegen territorios invisibles.


Guardan algo sagrado.


Uno de esos músculos es el abductor.


Un músculo aparentemente sencillo cuya función física es clara: abrir la pierna, separar, crear espacio.


Pero cuando se observa con la mirada profunda de la tradición, aparece un nombre extraordinario que se utilizaba en la Edad Media para referirse a esta zona del cuerpo:


Custodia Virginalis.


La custodia virginal.


El guardián de la pureza.


Un nombre que hoy puede parecer extraño, pero que contiene una comprensión simbólica extraordinaria del cuerpo humano.





EL MÚSCULO QUE CREA ESPACIO



El abductor tiene una función fundamental.


Separa.


Abre.


Genera distancia.


Y ese gesto, aparentemente simple, contiene una enseñanza profunda.


Porque toda creación comienza con un espacio.


Si todo está pegado, comprimido, sin separación, nada puede aparecer.


El abductor crea el territorio del espacio.


Permite abrir el cuerpo.


Permite ampliar la base.


Permite que el movimiento tenga dirección y amplitud.


El cuerpo necesita músculos que cierren.


Pero también necesita músculos que abran el campo de la vida.





CUSTODIA VIRGINALIS



¿Por qué en la Edad Media se llamó a esta región Custodia Virginalis?


Porque los sabios de aquel tiempo comprendían algo que hoy casi hemos olvidado.


La palabra virgen no significaba únicamente una condición biológica.


Significaba algo mucho más profundo.


Virgen era aquello que permanece intacto en su esencia.


Aquello que no ha sido corrompido.


Aquello que conserva su origen.


La virginidad en su sentido simbólico era pureza de naturaleza.


Y el abductor, situado en el interior del muslo, cerca del centro del cuerpo, era entendido como el músculo que protege ese territorio íntimo donde la vida nace.


Por eso lo llamaban custodia.


Porque custodiar significa proteger algo sagrado.





LA PUERTA DEL CENTRO



El cuerpo humano tiene lugares que funcionan como puertas simbólicas.


La garganta es una puerta.


El corazón es una puerta.


El abdomen es una puerta.


Y el territorio interior de los muslos es otra.


Allí donde se cruzan fuerza, estabilidad y vulnerabilidad.


Allí donde el cuerpo guarda el lugar de la generación de la vida.


Los abductores custodian esa puerta.


No solo desde la anatomía.


También desde la psicología corporal.


Cuando el abductor está fuerte, el cuerpo siente seguridad en su centro.


Cuando está débil o bloqueado, el cuerpo pierde una parte de su estabilidad interior.


No es solo biomecánica.


Es estructura emocional y energética.





LA PUREZA COMO FUERZA



En muchas tradiciones espirituales se ha confundido la pureza con la debilidad.


Nada más lejos de la verdad.


La pureza verdadera no es fragilidad.


Es integridad.


Es la capacidad de permanecer fiel a lo esencial.


Es la fuerza que protege aquello que no debe ser negociado.


Por eso la imagen medieval de la custodia virginal es tan poderosa.


Porque habla de un músculo que protege el centro.


Que abre espacio sin perder firmeza.


Que permite el movimiento sin abandonar la esencia.





EL GUARDIÁN DEL ORIGEN



Cuando el cuerpo entrena profundamente esta zona, ocurre algo curioso.


El movimiento se vuelve más estable.


La postura se vuelve más abierta.


La base del cuerpo se vuelve más firme.


Pero además aparece algo más sutil.


Una sensación de territorio interior protegido.


Como si el cuerpo recordara que hay algo dentro que merece ser guardado.


Algo que no debe entregarse a cualquier cosa.


Algo que pertenece al misterio de la vida misma.


Ese es el sentido profundo del nombre medieval.


Custodia Virginalis.


El abductor como guardián del origen.


El músculo que recuerda que en el centro del ser humano existe un espacio sagrado.


Un espacio donde la vida permanece intacta.


Esperando ser expresada con dignidad.


Con fuerza.


Y con belleza.


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