MINDSET
EL CUÁDRICEPS
Las ramas del árbol invertido
Si el ser humano pudiera verse a sí mismo como realmente es, descubriría algo fascinante.
No es un árbol que crece desde la tierra hacia el cielo.
Es un árbol al revés.
Las raíces están arriba.
En la cabeza.
En la mente.
En la consciencia.
Y el tronco desciende por la columna vertebral hasta abrirse en las piernas.
Allí, en los muslos, aparecen las grandes ramas de ese árbol invertido.
Las ramas que sostienen el peso del mundo.
Las ramas que permiten avanzar.
Las ramas que convierten el pensamiento en camino.
Esas ramas son los cuádriceps.
Cuatro grandes músculos que envuelven el muslo y que hacen posible uno de los gestos más importantes de la vida humana:
extender la pierna para seguir adelante.
El cuádriceps es el músculo del avance.
El músculo que dice al cuerpo:
Sigue.
Levántate.
Camina.
Continúa.
Pero dentro de ese gran músculo existen territorios simbólicos muy profundos.
Pequeños mundos donde el cuerpo expresa algo más que fuerza.
Expresa significado.
LA PORCIÓN CRURAL
La raíz del movimiento
La palabra crural procede del latín crus, que significa pierna.
Pero no cualquier pierna.
La pierna que sostiene.
La pierna que permite la verticalidad.
La pierna que convierte al ser humano en un ser que camina erguido.
La porción crural del cuádriceps es la base de esa fuerza.
Es la zona que organiza la extensión de la rodilla.
La que permite levantarse del suelo.
La que transforma la quietud en movimiento hacia delante.
Sin esa porción profunda del cuádriceps el cuerpo perdería su capacidad de elevarse desde la gravedad.
La vida humana sería distinta.
Porque caminar no es solo desplazarse.
Caminar es afirmar la voluntad de avanzar.
EL PSOAS
El músculo del alma
Muy cerca del territorio del cuádriceps aparece uno de los músculos más misteriosos del cuerpo humano.
El psoas.
Muchas tradiciones lo llaman el músculo del alma.
No es una exageración poética.
El psoas conecta la columna vertebral con las piernas.
Une el centro profundo del cuerpo con el movimiento hacia delante.
Es el músculo que participa cuando el cuerpo se inclina hacia el futuro.
Cuando alguien se levanta con decisión.
Cuando alguien inicia un paso.
El psoas guarda una sensibilidad extraordinaria.
Es un músculo profundamente conectado con el sistema nervioso y con las emociones.
Cuando el miedo aparece, el psoas se contrae.
Cuando la confianza vuelve, el psoas se libera.
Por eso se dice que es el músculo del alma.
Porque refleja el estado más íntimo del ser.
El psoas no solo mueve el cuerpo.
Revela cómo se siente el espíritu frente a la vida.
EL VASTO INTERNO
La lágrima de la consciencia
En la parte interior del cuádriceps aparece una forma muy particular.
Un músculo que desciende hacia la rodilla con una silueta característica.
El vasto interno.
En el lenguaje del entrenamiento muchas veces se le llama la lágrima.
Porque su forma recuerda precisamente a eso.
Una lágrima.
Y esa imagen contiene una enseñanza preciosa.
La lágrima no es solo tristeza.
La lágrima también es sensibilidad.
Es el momento en que algo profundo toca el interior.
El vasto interno participa en la estabilidad de la rodilla.
Permite que la articulación se mantenga alineada.
Que el movimiento sea seguro.
Que el paso no se desvíe.
Es la parte del cuádriceps que cuida el equilibrio del avance.
Y simbólicamente recuerda algo muy humano.
La fuerza verdadera nunca está separada de la sensibilidad.
Incluso el músculo que impulsa el paso contiene una lágrima en su interior.
LAS RAMAS DEL CAMINO
Cuando el cuádriceps se activa profundamente, el cuerpo siente una sensación muy clara.
impulso hacia delante.
Es el músculo que permite levantarse.
Subir escaleras.
Caminar contra la gravedad.
Avanzar cuando el camino exige esfuerzo.
Por eso, si el ser humano es un árbol invertido, los cuádriceps son sus grandes ramas de movimiento.
Las ramas que sostienen el viaje.
Las ramas que transforman la consciencia en acción.
Las ramas que permiten que la vida no se quede en pensamiento.
Sino que se convierta en pasos reales sobre la tierra.
EL ÁRBOL QUE CAMINA
Cuando todas estas piezas se integran, el cuerpo revela algo hermoso.
La porción crural sostiene el gesto.
El psoas conecta el alma con el movimiento.
El vasto interno aporta sensibilidad y estabilidad.
Y el cuádriceps entero se convierte en la rama poderosa que empuja la vida hacia delante.
El ser humano entonces deja de ser un cuerpo que simplemente se mueve.
Se convierte en algo mucho más interesante.
Un árbol invertido que camina.
Un árbol cuya raíz está en la consciencia.
Cuyo tronco es la columna.
Y cuyas ramas son las piernas que exploran el mundo.
Y cada paso que ese árbol da sobre la tierra es una declaración silenciosa.
La declaración de que la vida no está hecha para quedarse quieta.
Está hecha para crecer, avanzar y desplegarse en movimiento.
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