La energía no se crea ni se destruye, solo se transforma.
(Este es el principio de conservación de la energía.)
En este instante, lo único que verdaderamente existe es el proceso de observación de la energía, manifestándose como la realidad más emergente.
Observar las expresiones de esa energía es fundamental.
Porque, sobre todo —y esto es crucial— aunque todo ocurra, nada desaparece.
Esta es, quizás, la visión más importante desde esta tercera dimensión de la que te hablo.
La ley de conservación nos revela la indestructibilidad de la existencia, incluso frente a aquello que simplemente sucede y parece disolverse.
Es desde este punto de comprensión que centramos todos nuestros procesos de apreciación de la realidad.
Sin embargo, hay algo que permanece como un misterio:
la creación misma de esa energía.
Algo indescriptible, más allá de cualquier forma o comprensión.
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