Mis últimos 35 años han sido una combinación constante de trabajo y entrenamiento, en una fusión ininterrumpida de disciplina y evolución.
He mantenido este ritmo en horarios impropios de un ser normal, con sesiones de 12 horas cara al público, atendiendo física y emocionalmente a todos los asistentes al dojo.
Pero lo más alucinante no ha sido solo la intensidad del entrenamiento, sino la increíble producción literaria: más de 160 libros, fruto de esta práctica incansable.
Aún más fascinante ha sido la capacidad de combinar las sesiones en pantalla con las sesiones presenciales en el dojo o en el recinto, siempre asegurando que cada encuentro tuviera un toque de brillantez y una conexión única con cada participante.
Así es como se logra llevar la consciencia a la empresa.
El Dojo y el Maestro del Siglo XXI
El único lema del dojo es innegociable:
“Todo aquel que entra por la puerta del dojo, sale mejor de lo que entró.”
Este principio marca la diferencia y redefine el concepto de maestro del siglo XXI, quien no solo enseña, sino que transforma.
Aquí, la meditación y la consciencia dejan de ser conceptos abstractos y se convierten en un sistema de entrenamiento neurocelular, un método tangible que moldea la mente, el cuerpo y el espíritu en una sola realidad operativa.
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