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Miguel Mochales

Miguel Mochales

miércoles, 12 de marzo de 2025

Cuerpo y mente en la no-economía

 Cuerpo y Mente: El Proceso Original

Dentro del desarrollo humano existe una doble fase fundamental.

Primero, está el cuerpo, formado por los órganos que transmiten una comunicación interna puramente instintiva. Es un sistema diseñado para la supervivencia, donde cada señal tiene un propósito inmediato y funcional.

Después, surge el plano mente-músculo, en el cual el cerebro asume un rol prioritario. Esto ocurre debido a los mecanismos de ahorro energético, una estrategia evolutiva en la que el cerebro identifica el gasto excesivo de energía como una amenaza. De hecho, la propia biología humana ha condicionado la mente para considerar el esfuerzo innecesario como una carga, hasta el punto de percibirlo casi como una enfermedad.

Más Allá de la Supervivencia: La Consciencia del Tiempo

El siguiente nivel de evolución va más allá de la simple supervivencia. Vivir no es solo existir, y es aquí donde la economía y la consciencia se entrelazan.

El sistema capitalista, al estar vinculado a la mente, se basa en un paradigma dicotómico:

  • Crecimiento
  • Recesión

Toda su estructura depende de esta dualidad, pero detrás de ambos conceptos se esconde una idea fundamental: el tiempo.

Desde esta perspectiva, el dinero no es otra cosa que tiempo acumulado. La manera en que una persona usa o intercambia dinero es una manifestación de cómo percibe y gestiona el tiempo.

Si la eternidad es un estado de consciencia dentro del tiempo, entonces la verdadera riqueza no está en la acumulación de bienes, sino en la expansión de la percepción. Como decía el cantautor Luis Eduardo Aute:

“La vida es eterna en cinco minutos.”

Quien entrena su sistema neurocelular experimenta esto de manera directa: la sensación de que el tiempo se detiene, que el momento presente se expande, y que en ese breve lapso, la consciencia trasciende las limitaciones habituales.

El Superconsciente y la Tradición Templaria

En este estado, la consciencia superior comienza a comunicarse directamente con el superconsciente, el estadio donde la percepción del tiempo y la existencia se funden con lo divino.

Este proceso no es ajeno a la historia de la humanidad. De hecho, tiene paralelismos con el legado de los monjes templarios, quienes, curiosamente, fueron los creadores del sistema bancario moderno. Sin embargo, sus estructuras no estaban basadas en la avaricia, sino en principios que iban más allá del materialismo. De ahí surgen sus tres grandes pilares de adiestramiento:

  1. Pobreza: No entendida como carencia, sino como desapego del exceso. Hoy podríamos traducirla como la capacidad de ser tan disciplinado y presente que “soy tan pobre que nunca llego tarde” o “soy tan pobre que nunca falto a mi palabra”. La verdadera riqueza está en la integridad.

  2. Castidad: Más allá de su significado tradicional, representa el entrenamiento corporal para despertar la "casta". En este contexto, la diferencia entre un caballo de pura sangre y uno común radica en su linaje, en su fortaleza interior. La castidad templaria no era una renuncia, sino un refinamiento del cuerpo para honrar a los ancestros y desarrollar el máximo potencial.

  3. Obediencia: Pero no una obediencia ciega, sino la capacidad de seguir el criterio interior y el cultivo del propio juicio. La verdadera disciplina no consiste en someterse a otros, sino en alinearse con una verdad superior.

Del Pasado al Presente: El Nuevo Superconsciente

En la época templaria, el superconsciente se entrenaba a través de la austeridad, el honor y la conexión espiritual. Hoy, la diferencia fundamental es el volumen de información al que estamos expuestos.

Si bien tenemos acceso a un nivel de conocimiento sin precedentes, también enfrentamos una sobrecarga informativa que puede entorpecer el desarrollo del verdadero superconsciente. El desafío actual no es solo aprender más, sino saber qué información procesar y cómo entrenar la mente para trascender la dualidad de la consciencia ordinaria.

El tiempo sigue siendo la clave. La pregunta es: ¿qué haces con él?

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