Estrechar la mano.
Cerrar un trato significaba darse y apretar la mano.
Ese pacto, a carta cabal, no era solo un acuerdo. Era un compromiso neurocelular.
Así de simple.
Me dabas la mano y el trato quedaba sellado.
Todo nuestro sistema neurocelular hablaba, conectaba y alcanzaba los compromisos de valor, el estado más elevado del honor entre verdaderos creadores en la economía.
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