Pensar es la flexión del bíceps.
Primero, la potencia del agarre.
Así se forjan los tratos de honor: con un apretón de manos, con un agarre firme.
Los antebrazos representan la sangre y el esfuerzo necesario para llegar a todo.
Y el pico del bíceps es esa montaña que hay que escalar para alcanzar el pensamiento en libertad.
El bíceps simboliza este proceso, y su pose es la del pensador.
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