CAPÍTULO 10 — LA TENSIÓN MUSCULAR MENTAL
1. El concepto central
Llegamos a una de las claves fundamentales del entrenamiento neurocelular.
Aquí empieza el desarrollo de nuestro concepto central:
TMM.
Tensión Muscular Mental.
¿Qué significa?
La capacidad de utilizar la potencia mental para generar tensión en los músculos.
Pero no cualquier tensión.
Una tensión dirigida.
Una tensión consciente.
Una tensión que permita que el músculo despierte.
Hasta ahora hemos hablado de la entrada, de la reverberación, de la meditación muscular, de la idiosincrasia de cada músculo.
Ahora vamos a hacer algo diferente.
Vamos a provocar la respuesta.
2. La mente entra en el músculo
Cierra el puño derecho.
Apriétalo.
Fuerte.
No lo hagas de cualquier manera.
Pon atención.
Siente la mano.
Siente los dedos.
Siente la muñeca.
Siente cómo la tensión comienza a subir por el brazo.
La primera herramienta del entrenamiento neurocelular no es el peso.
Es la atención.
El peso llegará después.
Primero necesitamos que la mente encuentre el músculo.
3. La posición de partida
Las manos parten de la posición que describimos en el capítulo anterior.
Relajadas.
Apoyadas.
Presentes.
Pero ahora ocurre algo.
El puño derecho se cierra.
Y se cierra con intención.
La mano izquierda se coloca encima de la muñeca derecha.
Ahí tenemos nuestro primer punto de oposición.
Dos manos.
Un brazo.
Una intención.
Y una resistencia.
4. La primera escuadra de conciencia
Desde esa posición aparece lo que llamamos:
La primera escuadra de conciencia.
El brazo derecho intenta flexionarse.
La mano izquierda lo impide.
No buscamos que una mano gane a la otra.
Buscamos que aparezca una tensión dinámica.
El brazo quiere subir.
La mano quiere impedirlo.
Y entre las dos aparece un espacio nuevo.
Un espacio de conciencia.
La tensión crea el lugar donde la conciencia puede quedarse.
Eso es lo que vamos a entrenar.
5. Tensión dinámica
El movimiento no tiene por qué ser visible.
Incluso puede parecer que no sucede nada.
Pero sucede.
El bíceps intenta flexionar.
La mano contraria resiste.
El músculo recibe una orden.
La mente mantiene esa orden.
Y el cuerpo responde.
Tenemos entonces:
INTENCIÓN → TENSIÓN → ATENCIÓN → CONCIENCIA
Esto es TMM.
6. El bíceps
En nuestra psicología corporal, el bíceps representa un concepto fundamental:
darte cuenta.
Darte cuenta.
Eso es todo.
Pero es muchísimo.
Porque antes de transformar algo tienes que darte cuenta de que existe.
Antes de cambiar una dirección tienes que darte cuenta de que estás caminando hacia ella.
Antes de modificar una conducta tienes que verla.
Antes de comenzar un camino tienes que descubrir dónde estás.
Por eso el bíceps ocupa este lugar dentro de nuestro mapa.
7. Darte cuenta
“Darte cuenta” es una expresión sencilla.
Casi doméstica.
Casi cotidiana.
Pero detrás de ella existe un concepto mucho más amplio:
los estados de conciencia.
Los estadios de conciencia.
Nosotros lo llevamos al lenguaje del cuerpo.
No queremos quedarnos solamente en la idea.
Queremos sentirla.
Queremos localizarla.
Queremos provocar una experiencia corporal que nos permita observarla.
8. La conciencia necesita un músculo
Aquí aparece una de las propuestas fundamentales de la psicología corporal.
La conciencia no tiene por qué ser estudiada solamente desde la cabeza.
También puede ser explorada desde el cuerpo.
Desde la tensión.
Desde la resistencia.
Desde la sensación.
Desde el músculo.
La conciencia necesita un lugar donde posarse.
Y en este entrenamiento ese lugar es el músculo.
9. El primer despertar
Cuando mantienes la tensión entre el brazo y la mano contraria, no estás intentando construir todavía una gran cantidad de fuerza.
No estás buscando levantar más.
No estás buscando agotarte.
Estás buscando algo anterior.
Estás despertando la capacidad de sentir el músculo desde la mente.
Ese es el primer paso.
Antes de potenciar.
Antes de cargar.
Antes de aumentar.
Hay que despertar.
10. Veinte segundos
Mantén la tensión durante veinte segundos.
Sin violencia.
Sin perder la respiración.
Sin convertir el ejercicio en una lucha.
Simplemente permanece.
El brazo quiere flexionarse.
La mano contraria resiste.
Y tú observas.
Ahí comienza el entrenamiento.
11. Cuarenta segundos
Después puedes ampliar la duración.
Treinta segundos.
Cuarenta segundos.
No buscamos una cifra heroica.
Buscamos una presencia más profunda.
Porque en este primer trabajo la intensidad no procede principalmente del peso.
Procede de la calidad de la atención.
Ese es el descubrimiento.
12. Ahora cambia
Después hacemos lo mismo con el otro lado.
Puño izquierdo.
Aprieta.
La mano derecha se coloca sobre la muñeca izquierda.
Y comienza de nuevo la escuadra.
Ahora el brazo izquierdo intenta flexionarse.
La mano derecha lo impide.
Tensión.
Resistencia.
Atención.
Presencia.
Otra vez.
13. El cuerpo aprende la simetría
Derecha.
Izquierda.
Izquierda.
Derecha.
No estamos simplemente trabajando dos brazos.
Estamos enseñando a la atención a desplazarse.
A localizar.
A diferenciar.
A reconocer.
El cuerpo empieza a convertirse en un mapa.
Y la mente empieza a recorrerlo.
14. Todavía no metas energía
Este punto es fundamental.
En este sistema inicial todavía no queremos introducir la energía que hemos descrito entrando por los hombros.
Eso vendrá después.
Primero hay que desarrollar otra capacidad.
La potenciación de la conciencia en el músculo.
Ese es el objetivo.
Primero conciencia.
Después energía.
Después amplificación.
Después carga.
El orden importa.
15. Conciencia antes que potencia
Estamos acostumbrados a pensar al revés.
Primero peso.
Después esfuerzo.
Después cansancio.
Después resultado.
Aquí invertimos el proceso.
Primero atención.
Después tensión.
Después conciencia.
Después potencia.
No queremos que el músculo trabaje sin la mente.
Queremos que la mente aprenda a trabajar con el músculo.
16. TMM
Ahora podemos definir con mayor precisión nuestro concepto.
TMM = Tensión Muscular Mental.
Es la capacidad de generar y sostener una tensión muscular mediante una intención consciente.
No se trata simplemente de contraer.
Todo el mundo puede contraer un músculo.
La cuestión es:
¿puedes encontrarlo?
¿puedes sentirlo?
¿puedes dirigir la atención hacia él?
¿puedes mantener esa atención mientras sostienes una oposición?
Ahí empieza el entrenamiento neurocelular.
17. La tensión como puerta
La tensión no es solamente un esfuerzo.
Es una puerta.
Cuando dos fuerzas se encuentran aparece una información nueva.
El brazo quiere avanzar.
La mano quiere impedirlo.
Y tú estás en medio.
Observando.
Sintiendo.
Dirigiendo.
La tensión se convierte en una puerta de entrada a la conciencia corporal.
18. El músculo despierto
Cuando decimos que el músculo “despierta”, estamos utilizando nuestro lenguaje de trabajo.
No significa que el músculo estuviera literalmente dormido.
Significa que aumenta nuestra capacidad de percibirlo, dirigirlo y relacionarnos conscientemente con su actividad.
Ese matiz es importante.
Porque el entrenamiento neurocelular no pretende sustituir la fisiología.
Pretende añadirle una dimensión:
la experiencia consciente del músculo.
19. El entrenamiento empieza antes del peso
Esta es una de las grandes diferencias.
Puedes tener una mancuerna.
Una máquina.
Una barra.
Una sala completa.
Y, sin embargo, no estar entrenando todavía esta capacidad.
Porque puedes mover mucho peso sin darte cuenta de lo que estás haciendo.
Aquí empezamos con algo mucho más sencillo.
Un puño.
Una muñeca.
Una mano.
Una resistencia.
Y una mente presente.
20. La escuadra
La primera escuadra de conciencia queda así:
PUÑO → MUÑECA → OPOSICIÓN → BÍCEPS → ATENCIÓN
El movimiento puede ser mínimo.
La experiencia no.
Porque estamos aprendiendo a colocar la mente en un punto concreto del cuerpo.
21. Del darse cuenta a la transformación
Recordemos nuestro principio:
INTROSPECCIÓN → TRANSFORMACIÓN → PROYECCIÓN
Aquí estamos todavía en la primera fase.
Darte cuenta.
Sentir.
Reconocer.
Localizar.
No podemos transformar aquello que no percibimos.
Por eso el bíceps, dentro de nuestro mapa de psicología corporal, comienza con esta función:
darte cuenta.
22. La conciencia se potencia
Ahora podemos comprender la expresión:
potenciación de la conciencia.
No se trata de producir más pensamiento.
Se trata de producir más presencia.
Más capacidad de permanecer.
Más capacidad de sentir.
Más capacidad de dirigir la atención.
Más capacidad de reconocer qué está sucediendo en el cuerpo.
La mente deja de estar flotando.
Baja.
Encuentra un músculo.
Y permanece allí.
23. Antes de capturar energía
Más adelante introduciremos la entrada energética por los hombros.
Pero todavía no.
Primero construimos el recipiente.
Porque no tiene sentido amplificar algo que todavía no sabemos localizar.
Primero aprendemos a encontrar.
Después aprendemos a potenciar.
Finalmente aprendemos a cargar.
Primero despertar.
Después alimentar.
Después amplificar.
24. La práctica
Puño derecho.
Mano izquierda sobre la muñeca.
Intención de flexionar.
Resistencia.
Veinte segundos.
Descansa.
Treinta.
Descansa.
Hasta cuarenta segundos si la práctica lo permite.
Después cambiamos.
Puño izquierdo.
Mano derecha sobre la muñeca.
La misma secuencia.
Sin competición.
Sin ego.
Sin buscar demostrar nada.
Solo conciencia.
25. La conquista
Hemos llegado al corazón del entrenamiento neurocelular.
TMM.
Tensión Muscular Mental.
La capacidad de utilizar la mente para provocar una tensión muscular consciente.
Y hemos descubierto que el primer objetivo no es levantar.
No es cargar.
No es aumentar.
Es darte cuenta.
Encontrar el músculo.
Sentirlo.
Mantenerlo.
Despertarlo.
Porque cuando la mente aprende a entrar en el músculo, el músculo deja de ser solamente una estructura que produce movimiento.
Se convierte en un territorio de experiencia.
Y entonces aparece la siguiente pregunta:
¿qué ocurre cuando, después de despertar el músculo mediante la tensión mental, introducimos la energía?
Ahí comienza la siguiente clave.
La señal.
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